jueves, 28 de abril de 2011

Bienvenida a India


Sabiamente dice Lonely Planet que nada puede preparar a ningún viajero para el choque cultural que va a experimentar a su llegada a India. Mi caso no fue diferente, la primera semana fue difícil, muy difícil. Son muchos los factores que hacen abrumador ese momento. El viaje de Bogotá a Delhi es largo, fueron tres aviones, salí la noche del martes, llegue a India la mañana del jueves y en la tarde ya estaba en la que sería mi oficina.

Tras una ducha, sin dormir y con hambre, recibí las primeras indicaciones de mi jefe sobre lo que sería mi vida en Delhi.

Primero, bajo ninguna circunstancia se debe beber agua de la llave, no se puede usar ni para lavarse los dientes. En pocas palabras el agua no es potable. El 11 de marzo de este año El Espectador publicó un artículo que decía: “Al menos el 18% del agua que llega a los hogares delhíes está contaminada con heces humanas, debido a la corrosión de las cañerías, las indebidas conexiones entre redes de desagüe y suministro y los constantes cortes, que obligan a la ciudadanía a acumular el agua en depósitos”. Pues bueno, esa agua no potable es la que utilizo todos los días para bañarme, para lavar mi ropa, para lavarme las manos. Sólo imaginar ese escenario el primer día me produjo un malestar enorme.

Segundo, la alimentación. No se pueden consumir alimentos de cascara blanda, todo debe pelarse. No sólo por el tema del agua, que por sí sólo sería una razón de peso. Según la organización de consumidores Consumer Voice (CV) en el cultivo de alimentos en India se emplean pesticidas prohibidos en la mayor parte del mundo en cantidades que superan 750 veces los límites permitidos por la Unión Europea. Además todo es picante, pero no es un poco picante, es picante de verdad.

Tercero, Delhi es una ciudad peligrosa para las mujeres. Entonces empezaron a narrarme historias de mujeres que fueron atacadas sexualmente, que fueron acorraladas por grupos de hombres en la calle, a las que tocaron y golpearon. Y mi malestar se volvió miedo. Yo esperaba muchas cosas, y de verdad me sentía fuerte para manejar la discriminación hacia la mujer, pero creo que nada te prepara para asumir que vas a vivir un riesgo de esa naturaleza por meses. Las indicaciones fueron no salir sola ni  en  compañía de sólo mujeres después de las 9 pm, no vestir faldas, ni blusas sin mangas, no establecer contacto visual ni sonreírle a ningún hombre en la calle.

Como si esto fuera poco, la ciudad por sí sola impacta. Esa primera semana vi basura por todas partes, pilas de basura en la mitad de los andenes que por supuesto están acompañadas por los olores más intensos y nauseabundos que he experimentado. Además está el ruido, todos pitan, los carros, los rickshaws, los taxis, todos; además manejan rozándose, no tienen espejos, no respetan las líneas que dividen los carriles. Y por si esto fuera poco puedo asegurarles que en esa semana ví más hombres orinando y escupiendo en la calle que en toda mi vida en Colombia.

Sentí que India era más fuerte que yo. Me daba miedo salir a la calle, la mayoría de las veces no había mujeres a mi alrededor, sólo hombres que te observan cuando caminas, que están atentos a tus movimientos. Todo eso fue simplemente demasiado… pero como Lonely Planet también explica, esa sensación dura sólo la primera semana, lástima que entonces yo no había comprado el libro.