La felicidad es una emoción compleja. Yo, espero que al igual que todos, he sido feliz muchas veces en mi vida. Pero hay momentos puntuales en los cuales esos momentos de felicidad se han mezclado con exaltación y se han vuelto memorables, esos no han sido muchos. Y esos son los que producen felicidad que perdura por años. Hay algo en común con todos ellos, cuando he sentido esa enorme felicidad en mi pecho, he estado a miles de kilómetros de mi casa: viajar es la mayor fuente de felicidad que he conocido en la vida.
Pero no es cualquier clase de viaje. No podría imaginar sentir enorme felicidad en la piscina de un hotel en el Caribe; eso me produciría simplemente placer, que por cierto no es poco. Pero los momentos sublimes, esos pocos segundos en los que me he sentido completamente maravillada con el mundo han sido en después de muchas horas de caminatas, cansada, cargando una maleta en mi espalda, con poco dinero y tratando de seguir un plan que no siempre es tan acertado como debería. Porque viajar no es un asunto de dinero ni lujos, ni se necesita ser un experto para hacerlo, conozco muchas personas que han emprendido aventuras por el mundo sólo con su convicción y determinación.
Decidí volver a escribir aquí por ese motivo, porque a veces necesitamos recordarnos a nosotros mismos que para ser felices necesitamos antes que cualquier otra cosa: determinación. No quiero perder la mía, no quiero nunca olvidar que aquellos momentos sublimes en los que he sido dueña del mundo han el resultado de saltos al vacío, de confiar en la bondad de otros y de creer que siempre es posible encontrar el camino de regreso a casa.
Pero no es cualquier clase de viaje. No podría imaginar sentir enorme felicidad en la piscina de un hotel en el Caribe; eso me produciría simplemente placer, que por cierto no es poco. Pero los momentos sublimes, esos pocos segundos en los que me he sentido completamente maravillada con el mundo han sido en después de muchas horas de caminatas, cansada, cargando una maleta en mi espalda, con poco dinero y tratando de seguir un plan que no siempre es tan acertado como debería. Porque viajar no es un asunto de dinero ni lujos, ni se necesita ser un experto para hacerlo, conozco muchas personas que han emprendido aventuras por el mundo sólo con su convicción y determinación.
Decidí volver a escribir aquí por ese motivo, porque a veces necesitamos recordarnos a nosotros mismos que para ser felices necesitamos antes que cualquier otra cosa: determinación. No quiero perder la mía, no quiero nunca olvidar que aquellos momentos sublimes en los que he sido dueña del mundo han el resultado de saltos al vacío, de confiar en la bondad de otros y de creer que siempre es posible encontrar el camino de regreso a casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario